En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Pilates excede su condición de práctica asociada a la rehabilitación o el entrenamiento físico. Se ha consolidado como marcador urbano de un estilo de vida. Su expansión no responde únicamente a una demanda de salud y cultura física, sino que expresa una forma específica de capital simbólico que —como señala Pierre Bourdieu— no necesita exhibirse de manera ostentosa para producir efectos: otorga prestigio, distinción y pertenencia dentro de determinados circuitos sociales, territoriales y generacionales.
Practicar Pilates, elegir este o aquel estudio, habitar determinados barrios y sostener una regularidad en el cuidado corporal configuran un repertorio de signos discretos pero eficaces. El cuerpo trabajado y alineado funciona como credencial subrepticia que articula prácticas, consumos y modos de plantarse en la ciudad.

El mapeo de los estudios de Pilates elaborado por el equipo Transverso permite una lectura de esa inscripción simbólica en el territorio porteño. No se trata solo de contabilizar locales, sino de analizar cómo el bienestar corporal se va distribuyendo de manera diversa, dialogando hasta exponernos más de una variable socioeconómica, educativa y cultural.
Nuestro relevamiento parte de una base de datos propia actualizada hasta diciembre de 2025 en la cual se registran unos 400 estudios activos en CABA. Desde el principio, acudiendo al cruce con fuentes públicas, y a través de contacto directo, comunicación vía WhatsApp o Instagram llegamos a conectar con más del 70 % de los estudios relevados, lo que ha permitido trazar un mapa ilustrativo del auge del pilates en la capital argentina.
Ciudad diversa, también en el bienestar
El análisis de esta base de datos permite visualizar una distribución claramente concentrada. Palermo lidera con 46 estudios, seguido por Belgrano (31) y Recoleta (30). A cierta distancia aparecen barrios como Villa Urquiza (25) y Caballito (24), mientras que el resto presenta cifras más discretas.
En términos porcentuales, la concentración se vuelve aún más evidente. Palermo reúne el 11,47 % del total de estudios de pilates de la ciudad, siendo el único barrio que supera el 10 %.
Belgrano y Recoleta concentran alrededor del 7 %. En conjunto, estos tres barrios acumulan más de una cuarta parte de toda la oferta porteña, mientras el resto del territorio se fragmenta en participaciones pequeñas y dispersas.

El gráfico comparativo del top 3 refuerza esta lectura: la diferencia entre Palermo y el resto de la trinidad es abrupta.
Belgrano y Recoleta aparecen prácticamente empatados, configurando un segundo nivel de consolidación, pero Palermo se afirma como un polo dominante, con una densidad de estudios que no encuentra equivalente en la ciudad, y en próximos análisis indagaremos cómo se ubica respectos a otros barrios de países como España, Chile o Uruguay (que integran, hasta el momento, nuestra base de datos).
Demografía, densidad y perfiles urbanos
La presente concentración de estudios dialoga directamente con los datos demográficos. Después del Censo de 2022, la Ciudad de Buenos Aires contaba con 3 millones 95 mil 454 habitantes, con una mayoría femenina (1 millón 666 mil 673 mujeres frente a 1 millón 428 mil 781 hombres), dato visualmente interesante teniendo en cuenta que se trata de una práctica cuyo público es mayoritariamente femenino, aunque también sobre esto podríamos encontrar tendencias a futuro.
En estas estadísticas, Palermo aparece como el barrio más poblado de la ciudad, con más de 247 mil 000 habitantes con una densidad media-alta. Recoleta, en cambio, combina alta densidad poblacional con superficie reducida, mientras que Belgrano presenta una densidad intermedia y una tendencia de crecimiento sostenido.
En todos los casos, se trata de barrios con alta presencia de adultos jóvenes y de mediana edad, franjas etarias fuertemente asociadas al consumo de Pilates.
Educación, ingresos y pedagogía del cuerpo
Además de la cantidad de habitantes, el nivel educativo aparece como otra variable clave en estos grupos barriales. Las zonas que concentran mayor cantidad de estudios de Pilates son también aquellas con mayor proporción de población con estudios terciarios y universitarios completos.
El Pilates se inscribe en una pedagogía del cuerpo que privilegia la prevención, la conciencia corporal y la longevidad activa: valores estrechamente ligados al capital cultural.

Desde el punto de vista económico, se trata de una práctica de pago mensual, lo que favorece su expansión hacia sectores con ingresos medios y medios-altos. Pero, siguiendo a Bourdieu y aunque suene un poco ligera la observación, no se trata solo de poder pagar: se trata además de reconocer el valor de la práctica.
Barrios, identidad y capital simbólico
Pero hay más: el pilates no se distribuye únicamente por variables técnicas o demográficas: se integra a identidades barriales específicas. Palermo condensa este fenómeno de manera paradigmática. Su condición de polo turístico, cultural, gastronómico y recreativo, sumada a la presencia de parques, circuitos aeróbicos y estudios boutique, construye un ecosistema donde el bienestar forma parte del paisaje cotidiano.
El pilates encaja en Palermo como práctica coherente con un estilo de vida visible, flexible y valorizado por las dinámicas del entorno.
Recoleta propone otra inscripción simbólica. Con una fuerte carga histórica, una alta proporción de mujeres y una identidad asociada al patrimonio cultural, el pilates se vincula más a la continuidad, el cuidado y la elegancia corporal que a la exhibición.
Belgrano, por su parte, combina tradición y modernidad, vida barrial y oferta deportiva diversificada, consolidándose como un espacio de equilibrio.
La concentración de estudios también se explica por la organización social del tiempo. Barrios con alta presencia de profesionales independientes, trabajadores híbridos y horarios flexibles generan demanda en franjas no tradicionales.
El pilates, con clases breves y adaptables, responde eficazmente a estas nuevas rutinas urbanas, donde el tiempo disponible se convierte también en valioso capital.
El cuerpo como mapa social
La lectura integrada de los gráficos y los datos demográficos deja ver que el pilates en CABA no se distribuye al azar. Su localización responde a la intersección entre densidad poblacional, educación, ingresos, identidad barrial y organización del tiempo.
Pero, además, pareciera funcionar como capital simbólico: una práctica que transforma el cuidado del cuerpo en pertenencia y distinción. El cuerpo se vuelve soporte visible —aunque discreto— de las posiciones sociales.
Leer el mapa del pilates es, en definitiva, analizar una cartografía del bienestar porteño, donde las diversidades urbanas también se inscriben en músculos, posturas y rutinas cotidianas. Y esto es solo un working progress.

