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    miércoles, febrero 4

    Uno de los testimonios gráficos más populares sobre el trabajo de Joseph Pilates en su estudio de la 8 va avenida corresponde al inglés Michael Rougier, intrépido fotorreportero que alcanzó celebridad después de haber llegado con retratos de Eva Perón a la revista Life, donde acabó contratado desde noviembre de 1947.

    Rougier hizo grandes aportes a la revista y es otro de sus fotorreporteros legendarios, brillante entre aquellos que empatizaron con el humanismo de su tiempo, sin perder de vista que la existencia puede justificarse por la poesía de nuestras acciones.

    Por 20 años se mantuvo en el staff de Life, cubriendo historias que ponían al descubierto una sensibilidad para la cual nada era insignificante. Reparó en grandes acontecimientos históricos, pero no desdeñó momentos de la cotidianidad, poniendo énfasis, por ejemplo, en el dolor que la indiferencia humana puede ocasionar a los animales de compañía o granja; sus protagonistas fueron también caniches, gatos y cabras.

    Retratos a Eva Perón, cobertura a la guerra

    Antes de llegar a la revista, Rougier trabajaba para el célebre periódico canadiense Montreal Standard. Fue allí donde recibió la encomienda de ilustrar los modos y rutinas del traslado de ganado canadiense a la Argentina, un encargo que le dio la oportunidad de captar la imagen de una “entonces tímida ante las cámaras Eva Perón”. Sus retratos, sacados de contrabando desde Argentina y no vistos aún por mí, le abrieron la puerta de la inmortalidad.

    Para Rougier, la fotografía era “arte y aventura”, tal como lo describe Erica Christina Toffoli en su tesis doctoral para la Universidad de Montreal. Estas formas de entender o enfrentar la profesión le llevaron a captar situaciones esenciales en el siglo XX como los flujos de migrantes a los Estados Unidos, sus pesares y sacrificadas vidas durante largas jornadas de recolección de zanahorias o algodón en los campos de California.

    Según reconstrucciones biográficas como las de la editora de fotografía Liz Ronk, para 1951 y en sustitución de su compañero en LIFE, John Dominis, Rougier fue enviado al sudeste asiático para cubrir la Guerra de Corea. Al conflicto, alentado por la polarización ideológica tras la II Guerra Mundial, se había sumado ya fuerzas de Naciones Unidas y China.

    Soldado chino se niega a ser fotografiado mientras busca cadáveres junto a un destacamento de sepultura tras el alto el fuego de la Guerra de Corea, 1953. Foto: Michael Rougier. Colección de LIFE.

    El fotógrafo enfrentó escenas de crueldad y muerte captadas con instinto y consideración histórica. En sus trabajos pueden verse niños hambrientos y soldados en avance formando escenas que lo conectan con aquellos pintores que hicieron de las guerras escenas de arte gracias a un trabajo paciente y sacrificado en el campo de batalla, donde estuvieron codo a codo con soldados, víctimas y victimarios.

    Para Liz Ronk, el trabajo más notable de Rougier durante la Guerra de Corea fue centrarse en los niños huérfanos como consecuencia del conflicto. ”El reportaje que mejor refleja la extraordinaria empatía de Rougier por sus protagonistas fue el de un huérfano coreano llamado Kang”.

    Rougier se topó con el orfanato de Taegu, en Corea del Sur, y conoció a Kang, un niño que con el tiempo sería presentado a los lectores de LIFE como “el niño que no sonreía”: En cierto momento, Rougier envió una conmovedora carta abierta a sus colegas de The New York Time pidiendo ayuda para Kang y el orfanato.  La carta dio resultado y el orfanato recibió dinero, libros, vitaminas y ropa.

    Ningún trabajo es demasiado insignificante

    Por su trabajo tenemos también imágenes de la revolución húngara de 1956, cuando el pueblo se levantó contra el control de la Unión Soviética, que no demoró en forzar la situación, produciendo una invasión a los pocos meses. Manifestantes en las calles, tanques, mujeres junto a ametralladoras son algunas de estas escenas.

    Los colegas del artista, nacido el 16 de junio de 1925 y fallecido 2012, elogiaban su aguda percepción, y llegaron a decir que contaba con: “ojo de escultor para los patrones y las sombras”.

    Una visita al estudio de Pilates

    Su visita al estudio de Joseph Pilates ocurrió en octubre de 1951; o al menos en esa fecha fue publicado el fotorreportaje “Diva con músculo”. La protagonista fue la famosa soprano Roberta Peters (1930-2017), quien permitió que el fotógrafo registrara su rutina de ejercicios.

    Pilates junto a la cantante de ópera Roberta Peters. Foto: Michael Rougier. Colección de LIFE.

    Peters aseguraba que desde que empezó a tomar clases de canto de niña en el Bronx, había ido regularmente al gimnasio para tonificar su torso y fortalecer su diafragma.  Y según se cuenta aquí, el propio Pilates gustaba pedir a desconocidos que le palparan el estómago, porque con su sistema de ejercicios “ahora es de hierro”.

    Gracias a la popularidad del sistema de ejercicios de Pilates, hoy estas fotografías de Rougier toman vida una y otra vez, se compran en plataformas y redes sociales, se imprimen, se editan y muchas veces nadie sabe quién las tomó, en qué momento y cuánto del talento del artista hizo posible que viéramos la escena de la forma en que lo vemos.

    Michael Rougier “encarnó el ideal del fotógrafo de plantilla, para quien ningún encargo era demasiado pequeño (ni demasiado grande)”, apunta sabiamente Liz Ronk.

    Leandro E. Z.
    Author: Leandro E. Z.